Aunque la soledad y el aislamiento social pueden afectar a cualquiera, independientemente de su edad, los ancianos son particularmente vulnerables, especialmente en las condiciones actuales de la pandemia.

“Necesitamos trabajar juntos para proteger a las personas mayores del virus”, dijo el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una conferencia de prensa, mientras discutía la necesidad de que las personas mayores se retiren de la vida pública.

Los ancianos representan la gran mayoría de las muertes por coronavirus, en particular los mayores de 85 años o aquellos con afecciones subyacentes (que se aplica a aproximadamente cuatro de cada cinco ancianos). Si bien el aislamiento físico puede proteger a nuestros adultos mayores del virus altamente contagioso que asola el mundo, los expone a otro desafío menos comprendido: la soledad.

El aislamiento social y la soledad no siempre van de la mano. La soledad, a diferencia del aislamiento social, es un sentimiento subjetivo. Según las psicólogas del Programa de Bienestar y Salud Mental la soledad es la “sensación de sufrimiento por estar desconectado de otras personas, que es diferente al aislamiento social que simplemente no es estar cerca de otras personas o no tener conexiones cercanas”.

“El aislamiento social, y más particularmente en los grupos de riesgo por edad tiene graves consecuencias en relación con la salud psíquica. En personas mayores, tiende a generar no solamente depresión, sino además una retracción libidinal psíquicaes decir un distanciamiento o desconexión de los objetos y las personas que puede elevar el nivel de daño de las enfermedades neurológicas o acelerarlas”, explica la psicóloga.

Los estudios observacionales y correlacionales han relacionado los sentimientos persistentes de aislamiento social y soledad con un mayor riesgo de desarrollar ciertas condiciones de salud mental y física. Este fenómeno biológico se ha asociado con un aumento de la inflamación y una hiperactivación del sistema inmune, que, según los expertos, contribuye a algunas de las enfermedades crónicas que los adultos mayores ya son más vulnerables al desarrollo. Las consecuencias para la salud de la soledad también pueden manifestarse como cambios en la rutina y el cuidado personal.

Investigaciones han demostrado que las personas que cuentan con el apoyo de sus comunidades tienen más probabilidades de sobrevivir a desastres y crisis. Además de seguir las pautas para el distanciamiento físico y la buena higiene, una de las mejores maneras en que podemos ayudar a los adultos mayores durante COVID-19 es permanecer en contacto.

Para nuestros adultos mayores es necesario mantener el contacto para que haya un sostenimiento de una actividad que no los lance al abandono de sí mismos como estado psíquico que la reclusión espontáneamente provoca y al desasimiento de los objetos y los lazos, esto es vital, aseguran las expertas. El distanciamiento social, solo una cuestión de espacio llama al adulto mayor si no vives con él, apóyale en todo lo que pueda necesitar.

Para Saber:

Según los hallazgos revelados por una investigación, alrededor de una cuarta parte de las personas mayores de 65 años que viven independientemente en sus comunidades se consideran socialmente aisladas, y el 43% de los mayores de 60 informa sentirse solo incluso antes de que los funcionarios de salud pública instruyan a las personas mayores, y al resto de las personas, a quedarse en casa. De manera reveladora, la Organización Mundial de la Salud respondió a las llamadas de sociólogos y expertos instando a las personas a practicar “distanciamiento físico”, no “distanciamiento social”. Como directora técnica de COVID-19 de la Organización Mundial de la Salud,OMS María Van Kerkhove explicó el cambio en la terminología: “Queremos que las personas sigan conectadas”.

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