Celebramos el Día Mundial de los Océanos para recordar a la población porteña el gran papel que los océanos juegan en nuestras vidas. Hoy con la pandemia de COVID-19 trae una nueva amenaza: más desechos plásticos, el daño que estamos haciendo a nuestros océanos también amenaza nuestra existencia.

Los océanos son los que generan la mayoría del oxígeno que respiramos, asimismo, hoy celebramos para crear conciencia a la opinión pública sobre las consecuencias que la actividad humana tiene para los océanos y para poner en marcha cada una de las acciones que desarrollamos a través de DMA junto a aliados y colaboradores.

Este día queremos recordar a la población el objetivo de la gestión sostenible de los océanos, que son una fuente importante de alimentos, y medicinas y una parte esencial de la biosfera. En definitiva, esta celebración es un buen motivo para celebrar juntos la belleza, la riqueza y el potencial de los océanos y que depende de las acciones que cada uno tomemos en relación con el cuidado de estos.

Para saber:

El aire que respiramos: las selvas tropicales a menudo se denominan pulmones de la Tierra, pero pequeños organismos en nuestros océanos producen más de la mitad del oxígeno del mundo. Los océanos y la vida dentro de ellos también absorben aproximadamente una cuarta parte del dióxido de carbono que liberamos a la atmósfera. Eso ayuda a reducir la cantidad de CO2 en la atmósfera de la Tierra, protegiéndonos del calentamiento global. Pero tiene un costo. Cuando los océanos absorben CO2, se vuelven más ácidos. Hoy, los océanos son más ácidos de lo que han sido en al menos 800.000 años. Esta acidez afecta a las especies marinas, incluidos el plancton, los mariscos y los corales, que construyen sus conchas y esqueletos a partir del carbonato de calcio. Es esencial que reduzcamos las emisiones de CO2, y todos podemos tomar medidas concretas para marcar la diferencia.

La contaminación por plástico en los océanos se ha multiplicado por diez en los últimos 40 años. Un tercio de las poblaciones de peces están sobreexplotadas. Las zonas muertas o desiertos submarinos donde no prospera la vida debido a la falta de oxígeno están aumentando rápidamente, tanto en extensión como en número.

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